Editorial Noviembre 13

 

¿Eres un Amudsen o un Scott?

Hay un libro muy recomendable de Jim Collins que se llama “Great by Choice” (Grandiosos por elección) que si no habéis tenido la oportunidad de leer os animo a que lo hagáis.

En este libro el autor hace un estudio de 20.400 empresas hasta que da con las siete compañías que mejor se desenvolvieron en las condiciones de mercado más extremas. 

Estas compañías (conocidas como las ‘10x’ porque superan el promedio del mercado por lo menos diez veces) fueron comparadas con otras compañías que habían operado en las mismas condiciones de mercado para ver en qué habían ellas destacado y por qué precisamente esas empresas son las que tuvieron éxito.

Aún en tiempos de crisis, sigue habiendo compañías que baten todos los récords, y empresas suyas competidoras se quedan en el camino. Lo que se refleja en el libro es que los directivos de todas estas empresas de éxito que llevaron a cabo un enfoque disciplinado y metódico pudieron abordar cualquier desafío. Se trata de empresarios que marcaron un camino concreto y siguieron una marcha moderada pero constante. 

Lo que distingue a las empresas 10x es que mantienen siempre un mismo nivel de desempeño.

Alguien podría pensar que las empresas 10x son más innovadoras o asumen mayores riesgos que las demás, pero no necesariamente, por supuesto que están por encima del nivel de innovación que se necesita para entrar en el juego, pero no son especialmente creativas. Lo que hacen en realidad es aplicar una especie de creatividad empírica.

Para Collins es sinónimo de éxito el aplicar la receta AMC: Astucia, método y constancia. Lo que supone esta receta es desarrollar un conjunto de prácticas que generan éxitos reproducibles y constantes. Todas las compañías 10x aplican una receta AMC que, en la mayoría de los casos ha variado poco. 

Lo que convierte a una compañía o a un líder en los mejores es la capacidad de elegir a las personas correctas y colocarlas en el puesto indicado. 

Para ser “great” hace falta creatividad, disciplina y constancia, pero yo también añadiría HLG: Humildad, ser un Luchador constante y, sobre todo, Ganarse el respeto de la gente. Añadiría algo que a veces nos falla, valorar al equipo que te respalda.

Volviendo al libro, el autor pone un ejemplo muy significativo al contar la historia de Amudsen y Scott, en su pugna por alcanzar el Polo Sur.

En octubre de 1911, dos equipos de aventureros hicieron los preparativos para ser los primeros en la historia en llegar al Polo Sur. Para un equipo, sería una carrera hacia la victoria y el regreso a salvo a casa. Para el segundo equipo, sería una derrota devastadora, para encontrarse al llegar que sus rivales habían plantado su bandera 34 días antes, seguida por una carrera por su vida, que perdieron al final, cuando el invierno y el frío llevó a la muerte a los cinco miembros del equipo.

Por un lado, Roald Amundsen, el ganador, y por otro, Robert Falcon Scott, el perdedor, con edades similares (39 y 43) y una experiencia comparable. Amundsen y Scott comenzaron un viaje de ida y vuelta de más de 2.254 kilómetros. Uno de los líderes llevó a su equipo a la victoria y la seguridad. El otro llevó a su equipo a la derrota y la muerte.

Los dos se enfrentaban al mismo reto en las mismas condiciones climatológicas, pero la forma de afrontarlo fue radicalmente distinta. Tuvieron resultados diferentes esencialmente porque mostraron comportamientos muy diferentes.

Amudsen preparó a conciencia la batalla, intentando predecir las contrariedades con las que se podrían encontrar y buscando una solución previa al problema, mientras que Scott fue el inventor del “Go with the flow” y la improvisación.

Amudsen durante todo el viaje se rigió por una disciplina y progreso constante, nunca yendo demasiado lejos en el buen tiempo, y cuidando de mantenerse lejos de la línea del agotamiento que podría dejar a su equipo en riesgo. Sin embargo, seguía adelante en medio del mal tiempo para mantenerse en ritmo. Amundsen hizo que su equipo marchara entre 15 y 20 millas por día, en una marcha constante.

Sin embargo, Scott llevaba a su equipo al agotamiento en días de buen tiempo y se quejaba los días que el sol no despuntaba en el horizonte.

En su viaje de ida hacia la meta, Amudsen fue dejando señales para que la vuelta no fuese un caos, previendo que pudiesen perderse en su retorno. A Scott ni se le ocurrió esa idea.

Las 20 millas de Amundsen no son más que la hoja de ruta que debe seguir la empresa, ejerciendo autocontrol y valorando de manera objetiva oportunidades, manteniendo un equilibrio constante de desarrollo.

La mayoría de empresarios españoles nunca pensaron que esta crisis fuese a ser tan cruda y demoledora. Por ello, muchos han seguido la estrategia de Amudsen de adelantarse a los acontecimientos y prever ciertos comportamientos, preparándose para esos acontecimientos. Pero no nos engañemos, otros muchos han capeado el temporal como han podido, poniendo parches cuando entraba el agua o achicando hasta con cubos cuando ha sido necesario. Y sinceramente, el que sigue en pie, independientemente de que sea un Amudsen o un Scott, se merece una medalla de platino. Sólo con mantener alta la moral del equipo ya tienen ganada media contienda. No cabe duda que depende de ti el que seas bueno o mediocre. Obviamente al que va a pescar no le saltan los peces al barco, aunque he oído que hay islas en que esto sucede… debería irme a esa isla para unas vacaciones por cierto.

Hablo con muchos empresarios del sector y algunos están empezando a ver mejoras en el mercado. Están convencidos que en seis meses remonta. Es la mejor noticia que podríamos tener. El día que el mercado realmente empiece a crecer, la alegría de Amudsen al llegar al Polo Sur va a ser una broma comparada con la fiesta que nos vamos a pegar los españoles.

Y para los que no se quieran leer el libro, simplemente que apliquen el consejo que solía darme mi padre: “piano, piano, si va lontano”.