EDITORIAL OCTUBRE 2017

editorial

La Decadencia de Occidente

En su brillante obra "La Decadencia de Occidente" Spengler en 1918 analizaba como un conjunto de culturas se desarrollaban independientemente unas de otras.

Proponía que las culturas, al igual que los individuos, son organismos que pasan por etapas de vida desde la infancia hasta la senectud, y por lo tanto las culturas son individuos biológicos aparte. Spengler proclamó que la cultura Occidental se encontraba en su etapa final, es decir, la decadencia.
Cinco años más tarde, esa obra fue introducida en España por Ortega y Gasset.
En Occidente predominaba y predomina el "tú debes", una cultura en decadencia donde gobierna la ansiedad de crecer sin límites, y donde emergen las prácticas de corrupción y de colusión.

Él pensaba que la Civilización Occidental no seguiría progresando indefinidamente como si fuese inmortal, pues ninguna Civilización anterior lo había conseguido. Y no sabrá nunca la razón que tenía, casi 100 años después de escribirla.

Vivimos en una sociedad donde el dinero gobierna sobre la política y por tanto, marca sus límites. Es también la civilización del crecimiento desmedido, somos depredadores del planeta y sus recursos, consumiendo sin límites.

Vivimos en un tiempo donde los valores se han desplomado, nos movemos buscando satisfacer los derechos sin asumir responsabilidades, renunciando a cualquier tipo de austeridad o límite. El individualismo por encima de la sociedad. Me da igual de que ideología sea el individuo, es un mal generalizado.

Esperamos que papá Estado nos resuelva la vida, exigiendo más allá de cualquier sentido común.

Los medios de comunicación tienen el poder de anestesiar la voluntad de los individuos y manejarlos cual rebaños de encefalograma plano. Iluminados políticos mandan mensajes vacíos y la sociedad los llena de ideales absurdos, que están acabando con los valores tradicionales que han perdurado durante años y ahora parece que están demonizados.

La canibalización moral está de moda, con una sociedad cada vez menos culturizada, más adormecida y menos productiva.

Una sociedad donde todo da igual, donde el objetivo es disfrutar, donde el individuo es el rey por encima de cualquier Dios o del diabólico 666, donde los placeres inmediatos son los más demandados y no complicarse la vida huyendo de toda responsabilidad es el "leitmotive".

Será la decadencia de nuestra sociedad, como no le pongamos remedio.

El reto es tener una personalidad que esté por encima de tanta frivolidad. Tomar tu dosis semanal de realidad y sensatez y no dejar que los "ismos" inunden tu vida, ni la vida de los que te rodean.

España vive un momento crítico en política y a nivel social. Habrá un antes y un después de lo que está ocurriendo en Cataluña y en general en la sociedad española. Estos acontecimientos abrirán brechas que ningún cirujano será capaz de cerrar y ya veremos cuál será la factura económica que pagaremos todos tarde o temprano.
Lo más triste es que los responsables de esta sangría no tendrán su merecido.

Los que se achantan y se avergüenzan por querer seguir llevando una vida normal, que se planteen realmente su existencia. Nada de acomplejarse por querer transmitir a tus hijos unos valores y una educación tradicional. Al igual que a mí me trae al pairo lo que piense un perroflauta, no consiento que me tilden de nada porque me parezca mal que los okupas o los golpistas estén en la cárcel. La libertad de opinión parece que últimamente sólo vale para los comunistas y extremistas. Ya está bien.

Este editorial se lo quiero dedicar a mis grandes amigos de México, donde tengo grandísimos amigos y miles de lectores, donde han vivido unos terremotos terribles y donde han demostrado que la solidaridad y la fuerza del pueblo mexicano, está por encima de cualquier nimiedad. ¡Que viva siempre México y su gente!. Y sobre todo Laurent y mis tres Mosqueteros: Enrique, Gabriel y Alfonso.