EDITORIAL FEBRERO 2017

EDITORIAL

Mi mejor Coach, Yolanda

Este siglo XXI es el siglo del coaching, lo cual tiene mucho mérito porque en 4 charlas de las que he atendido últimamente para escuchar a estos gurús, sólo me he dado cuenta de lo siguiente:

1) Internet es una fuente inagotable de frasecitas hechas
2) Hay que ser muy crack para cobrar por decir lo obvio
3) Un power point bien hecho con música y vídeos entretiene a cualquiera
4) La gente tiene una capacidad borreguil muy acuciada
5) La motivación externa es la excusa perfecta para los gurús motivadores
6) Debo pertenecer al club de los raritos porque me motivo yo sola.

Entiendo que un jefe debe animar a sus empleados a conseguir las metas, pero una cosa es esa y otra es que con la excusa del desánimo no cumplas tus metas. Por otro lado, como dice mi amigo Luis Angel..."No hay nada peor que un tonto motivado", gran frase que define exactamente el pe-ligro de los ineptos.

Yo tengo una profesora de Coaching muy particular que se llama Yolanda. A mi querida amiga le operaron de un tumor en la silla turca, es decir en plena cabeza, en 2010. Desde ese momento ha pasado por numerosas operaciones, ha visitado cientos de médicos, ha enseñado a muchos médicos cosas que no sabían, hemos experimentado lo que es echar humo por la cabeza cuando algún capullo de médico ni te mira a la cara. Pero sobre todo, me ha enseñado que los problemas en esta vida son relativos, que lo que realmente importa es despertarte sin dolor, o si tienes dolor, y tienes hipotensión, tener la fortaleza de partirte de risa con chorradas porque la vida es un regalo. Ella lo tiene bien claro. En ningún momento ha perdido la ilusión, en ningún momento pierde la esperanza y lo que es más importante, tiene la fuerza de un cohete. Ella, que es una auténtica belleza, es una mezcla entre Nicole Kidman y Sugar Ray Robinson (el mejor boxeador de todos los tiempos), un mix imparable. Si esa no es una lección de motivación, que venga Dios y lo vea. He tenido la suerte de acompañarla muchas veces al médico y aprender que leches es la silla turca, qué es una lesión vestibular, qué mierda es tener insuficiencia suprarrenal y demás términos que en mi vida no hubiese aprendido sin ella.
No hace mucho tiempo, llegó su jefe y le dijo que le había apuntado a un curso de coaching, el cuál le iba a ayudar mucho. Recuerdo que estábamos tomando un café (nos turnamos entre cafés, tés, aceitunas, compras on line de ropa y preparativos de viajes para cuando la operen y en un mes no nos vea el pelo ni Perry por la celebración que tenemos preparada). Pues bien, ahí estamos escuchando como ésta persona quería que Yolanda atendiese a una sesión de coaching de un tío que en un hotel iba a ayudarla a hacer su vida de color de rosa.

Ella, que de tonta no tiene un pelo, le preguntó a su querido jefe: Este señor tan motivador, ¿ha pasado por alguna operación con un tumor? ¿Ha sido operado a vida o muerte? ¿Se puede levan-tar todos los días? ¿Sabe vivir con dolor? ¿Puede conducir? ¿Puede volar en un avión? ¿Tiene que tomar hidroaltesona porque sino se desmaya?

A estas alturas, creo que al jefe se le estaba cayendo la mandíbula al suelo como en la peli de "La Máscara", pero digo yo que son preguntas que él mismo se debería haber planteado antes de querer llevarla a un señor que da lecciones cuando su salud está al 100%. Entiendo que si alguien ha superado algo duro y cuenta su historia como una lección de superación, eso no tiene precio, y estaría feliz de escucharle. Pero uno que va en zapatillas de deporte con traje y lee frasecitas ma-nidas de internet, no aporta mucho a la vida, al menos a nosotras. Si alguna de las respuestas que le hizo Yolanda hubiese sido positiva, hasta yo habría ido al "Motivation Weekend" y lo hubiésemos dado todo, pero sinceramente, hicimos lo que nos funciona de lujo, mandamos todo "A tomar per quele" y nos fuimos a cenar y a disfrutar de la vida.

En la vida está muy bien hacer que la gente se pare a pensar, pero el que haya tanta necesidad de charlas de motivación, de superación personal, de descubrimientos de nuevas creencias y cosas por el estilo, me hacen plantearme si nosotras somos un bicho raro por no necesitarlas o que realmente la gente se ha vuelto tan cómoda como para no darse cuenta de lo bueno que tiene la vida, de la suerte que tienen de trabajar, de las oportunidades que te brindan en el trabajo, y dejarte convencer de que necesitas un guía espiritual para algo. En mi opinión, ésta es una consecuencia más de la vaguería en la que está cayendo la sociedad española, incluso a nivel mundial, porque una de las últimas charlas de motivación a las que atendí fue fuera de España.

Volviendo a Yolanda, hemos encontrado un médico que ha dicho que la opera. Cuando se lo dijo, poco me faltó para tirarme a su cuello y darle un abrazo de Koala para lo que quedaba de día. Así que estamos en racha. Ya os iré contando como sale todo, pero mientras, si alguien os tiene que motivar, pensad que os falta una Yolanda en vuestra vida y que ojalá tengáis la suerte de tener a alguien como ella alguna vez a vuestro lado.

Te quiero campeona, gracias por hacer de mi vida algo increíble estando a tu lado.