EDITORIAL JULIO 2016

EDITORIAL

Llega el verano político del amor, noviazgos a la vista

Ha vuelto a pasar, ha ganado el PP, pero estamos en las mismas, ni Gobierno a la vista ni planes de noviazgos claros, ni prisa por celebrar la boda.

A estas alturas debería haber una ley que obligase a los partidos políticos a llegar a un acuerdo antes de un mes. Entiendo que hay mucho en juego y que no hay que precipitarse.

Pero teniendo en cuenta que las primeras elecciones se celebraron en diciembre y las de ahora seis meses después, creo que ya ha habido tiempo para saber que novia te gusta más o con quien te quieres ir a la cama durante 4 años.

Lo que ha quedado claro es que los españoles votan con el bolsillo y que los experimentos del comunismo alegre no nos van. Que preferimos lo malo conocido, que las locuras por conocer. La única lástima es que con los resultados del PP, el Sr. Rajoy se va a quedar, y ya iba siendo hora de que hubiese un cambio de cabeza visible. Porque Rajoy me recuerda a Hidra, que hasta que no le quemaron la última no desapareció. Era el momento idóneo para regenerar el partido verdaderamente, y que con el apoyo de Ciudadanos se dedicasen a dirigir el país de una vez, a volver a las inversiones y no centrarse tanto en el juego político, que a nivel práctico para los españoles nos deja impávidos.

El coletas, que estaba más que endiosado, ha caído desde tan alto que todavía se está recuperando del porrazo. No le sirve de mucho que su colega Alberto, el radical, le esté lamiendo las heridas, porque lo hace con la boca pequeñita. Ahora no se mueven mucho no vaya a ser que no salgan en la siguiente foto.

Por su parte el PSOE va de triunfador con el chamuscado Pedro Sánchez, que por adelantar al comunismo extremo se cree baluarte de medallas que nadie en su sano juicio le otorgaría. Otro que debería irse a su casa y dejar el juego de la política, porque se le queda grande al chaval.

Conclusión, tenemos una panda de políticos que saben que hagan lo que hagan a fin de mes van a cobrar un sueldo sí o sí, así que no tienen ninguna prisa por enmendar la situación.

¿Solución? poco se puede hacer. Simplemente seguir trabajando como lo hemos hecho hasta ahora, con el impermeable político que nos hemos tenido que tejer cada uno para no ponernos de los nervios cada vez que sale uno en la TV a derrochar demagogia y enfundarnos el mono de trabajo, de verano, claro, y seguir dando pasos de gigante aunque el país vaya a paso de tortuga, y sólo así aceleraremos el ritmo de la economía.

Se han celebrado las Asambleas de ANAGRUAL y ANAPAT. El ánimo va mejor, no hay duda, los alquiladores tanto de grúas como de plataformas ven el mercado ligeramente más animado, lo que hace que el sentir general sea más propicio para compras y para inversiones. De los comentarios de años anteriores como..."esto es un desastre, de aquí no salimos, esto no mejora..." hemos pasado al "vamos mejor, la cosa parece que está más alegre, parece que el mercado se anima".

Todo el mundo es cauto porque nunca se sabe las vueltas que da la vida, pero en general, todo el mundo está más contento con el desarrollo del mercado.

La queja general son los precios de alquiler, esa es la lacra que tiene el alquilador y que difícilmente mejorará a corto plazo. Se trata de hacer un ejercicio común de reconocer que a esos precios no es rentable alquilar y sentar unas bases para que quien baje de unos precios determinados pueda ser considerado competencia desleal y tomar medidas drásticas que impidan ese tipo de alquiler. Bajar los precios con alegría al cliente siempre le conviene, pero ay de ti, si quieres subir aunque sea un céntimo. Intenta argumentarle lo que quieras, que el cliente sabe que se va al vecino que se lo deja a lo que pide, porque es lo que ha estado haciendo hasta ahora. Así que resulta complicado atacar el tema de los precios cuando sabes que ni el 66% de las empresas van a subir los precios a costa de perder clientes.

Llega el verano y nos dan un break en el camino. Aprovechadlo y descansad, porque la batalla no para y los guerreros deben volver con más fuerza que nunca.

Yo personalmente en un barco viendo la puesta de sol me conformo, casi nada.